Princesas desoladas que nunca les tocan la puerta del castillo, temiendo convertirse en un árbol que muere de pie
Príncipes inexistentes que se creen ataviados por su defensa de ilusión
Como si tener el control fuese una ofrenda de algún dios de penumbras
La ciudad vive refunfuñando por las extrañezas que ve, y se decepciona al no poder interferir
Los senderos que añoran las historias que no vivieron, son los mismos que perduran en la nada del mañana
los espejismos suelen engañar y obnubilar la visión, por eso el escéptico es quien lleva la clave
El día que excarcelemos las pasiones mas profundas, podemos comenzar a charlar con razón
Tal es la fuerza de la historia, que no tengo idea cuando fue que sucedió o si realmente pasó
El miedo nos pide a gritos que entremos en el trillado sentimentalismo de lo ya dicho. Y peor aun cuando caemos en el facilismo de la Fe
Y no me vengan con lugares fiables, porque nunca existió un puerto que no tenga muelle
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