25 de mayo de 2003, se acercaban las 2 de la tarde, fui al garaje de mi casa a buscar mi bicicleta, era de esas chiquitas, cromadas, para hacer piruetas. No me dieron ganas de abrir el portón para salir a la calle, así que opté por atravesar el living con la bicicleta en la mano. Estaba dispuesto a salir a la calle a dar unas vueltas, como lo hacía habitualmente.
Sentada en el sillón estaba mi mama mirando la televisión y
me dice:
- - Mirá, Jura el nuevo presidente.
- - Que me importa, me voy a dar una vuelta. Le contesté.
- - Mirá, estas cosas son importantes, es historia.
Me senté y miré la asunción de un canoso desgarbado que
juraba por Dios, los santos evangelios desempeñar con patriotismo el cargo de
presidente de la Nación, observar y hacer observar fielmente la constitución de
la Nación Argentina. Luego con la freten en alto y su mano izquierda puesta en
la biblia reza: -Si así no lo hiciere, Dios y la patria me lo demande.
Recuerdo esbozar una sonrisa cuando comenzó a hacer
malabares con el bastón presidencial porque no sabía cómo agarrarlo y la cara
de su mujer entre avergonzada y enojada por el ridículo que creía estaba
haciendo su marido.
Mi vieja ya se había ido a dormir la siesta y yo seguía
enfrente al televisor. El flaco este se metió entre la gente, pensé que estaba
loco por hacer eso, capaz que le iba a pasar algo. Se rompió la frente con una
cámara, y le empezó a caer sangre por la cara.
Ese día comencé a interesarme por la política, a leer,
interiorizarme, aprender, a seguir la agenda política diaria, a tomar posición
propia, a formarme ideológicamente.
27 de octubre de 2010, era el día del censo nacional. Suena
el despertador a las 8 de la mañana, si bien no tenía que ir a la facultad, ni
nada, ya tenía la costumbre de levantarme temprano para leer todos los diarios.
Bajé a comprar unas facturas y me preparé unos mates. Eran aproximadamente las
9 y media y tenia de fondo prendido el televisor y estaba el programa A.M. en
vivo, estaban haciendo una nota en la calle riéndose y paveando, cuando Leo Montero
se aprieta la cucaracha sobre su oído y manda inmediatamente a una pausa. Me
llamó la atención y comencé a buscar información en Internet a ver qué es lo
que había pasado y en Twitter se rumoreaba que habían internado a Néstor
Kirchner.
Comencé a hacer zapping y no encontraba nada, volví a Telefe
y me quedé expectante esperando que volvieran de la pausa, que por cierto, fue
bastante larga. Un zócalo con letras mayúsculas que rezaba “ MURIÓ NÉSTOR
KIRCHNER” fue lo primero que vi cuando el programa volvió al aire.
No lo podía creer, o no quería creerlo. No sé, recuerdo que
de inmediato se me hizo un nudo en la garganta y se me cayeron unas lágrimas.
Me parecía inverosímil que me angustiara tanto por la muerte de un ex
presidente, que nunca lo había conocido, que no era alguien cercano, que fue
nada más un político. Antes no lo había pensado, pero en ese momento me di
cuenta lo que fue Néstor para mí.
Al poco tiempo que me entero de la noticia, me toca el
timbre la chica que me venía a hacer el censo, ella no lo sabía y se lo comento.
Nos quedamos casi media hora tomando mates, mirando la tele y charlando con los
ojos vidriosos. Estaba compartiendo un dolor con alguien que no conocía, por
alguien que no conocíamos.
Si cuando asumió la presidencia me quede mirando la tele un
buen rato, esta vez multiplicalo por cien.
La gente comenzó a llegar a plaza de mayo, columnas de gente
que se acercaban, llorando, abrazándose, cantando, gritando, callados,
conteniendo el llanto, rezando. Ponían cartelitos en la Casa Rosada, escritos a
mano, impresos hacia unos minutos, de cualquier forma. La gente necesitaba
expresarse. Se lloraba una muerte, pero también era una necesidad de apoyo
mutuo, de apoyo a la presidenta, de contención, de saber que con fuerza todos
iban a ir para adelante. Cien mil personas se juntaron ese día y muchas se
quedaron toda la noche para el sepelio al otro día, otras se fueron y
volvieron, mucha gente comenzó a llegar desde todo el país. Nueve horas de cola
para despedir a Néstor y saludar a Cristina.
29 de octubre de 2010, cuando llevaron el féretro para aeroparque
llovía mucho y la gente fue a despedirlo, corrían atrás del coche fúnebre,
querían tocarlo, dejarle algo, decirle adiós, el agua no importaba. Se iba
Néstor.
Hoy, 2 años después, puedo decir que nunca me voy a olvidar
del tipo que me hizo conocer la política, que me demostró que se puede una
Latinoamérica unida, que trabajó para que la política también sea de los
pobres, que no dejó sus convicciones en la puerta de la Rosada. Por eso y por
mucho más, Gracias.
Al fin y al cabo, mi vieja tenía razón, estas cosas son
importantes, esto es historia.

