sábado, 27 de octubre de 2012

Néstor Kirchner




25 de mayo de 2003, se acercaban las 2 de la tarde, fui al garaje de mi casa a buscar mi bicicleta, era de esas chiquitas, cromadas, para hacer piruetas.  No me dieron ganas de abrir el portón para salir a la calle, así que opté por atravesar el living con la bicicleta en la mano. Estaba dispuesto a salir a la calle a dar unas vueltas, como lo hacía habitualmente.

Sentada en el sillón estaba mi mama mirando la televisión y me dice:
-       -  Mirá, Jura el nuevo presidente.
-       - Que me importa, me voy a dar una vuelta. Le contesté.
-       - Mirá, estas cosas son importantes, es historia.

Me senté y miré la asunción de un canoso desgarbado que juraba por Dios, los santos evangelios desempeñar con patriotismo el cargo de presidente de la Nación, observar y hacer observar fielmente la constitución de la Nación Argentina. Luego con la freten en alto y su mano izquierda puesta en la biblia reza: -Si así no lo hiciere, Dios y la patria me lo demande.

Recuerdo esbozar una sonrisa cuando comenzó a hacer malabares con el bastón presidencial porque no sabía cómo agarrarlo y la cara de su mujer entre avergonzada y enojada por el ridículo que creía estaba haciendo su marido.

La verdad es que me quede mirando y estuve un largo tiempo frente al televisor, recuerdo haber visto el discurso completo que dio después de la asunción. Fue un discurso de casi una hora, nunca le había prestado atención a la política, así que imagínate lo que era para mí un discurso de una hora, algo así como 3 días, si no me dormía antes. Pero, esta vez fue diferente. Aunque debo admitir que mucho de lo que decía no lo entendía completamente, era chico y vivía en mi propio mundo.

Mi vieja ya se había ido a dormir la siesta y yo seguía enfrente al televisor. El flaco este se metió entre la gente, pensé que estaba loco por hacer eso, capaz que le iba a pasar algo. Se rompió la frente con una cámara, y le empezó a caer sangre por la cara.

Ese día comencé a interesarme por la política, a leer, interiorizarme, aprender, a seguir la agenda política diaria, a tomar posición propia, a formarme ideológicamente.


27 de octubre de 2010, era el día del censo nacional. Suena el despertador a las 8 de la mañana, si bien no tenía que ir a la facultad, ni nada, ya tenía la costumbre de levantarme temprano para leer todos los diarios. Bajé a comprar unas facturas y me preparé unos mates. Eran aproximadamente las 9 y media y tenia de fondo prendido el televisor y estaba el programa A.M. en vivo, estaban haciendo una nota en la calle riéndose y paveando, cuando Leo Montero se aprieta la cucaracha sobre su oído y manda inmediatamente a una pausa. Me llamó la atención y comencé a buscar información en Internet a ver qué es lo que había pasado y en Twitter se rumoreaba que habían internado a Néstor Kirchner.

Comencé a hacer zapping y no encontraba nada, volví a Telefe y me quedé expectante esperando que volvieran de la pausa, que por cierto, fue bastante larga. Un zócalo con letras mayúsculas que rezaba “ MURIÓ NÉSTOR KIRCHNER” fue lo primero que vi cuando el programa volvió al aire.

No lo podía creer, o no quería creerlo. No sé, recuerdo que de inmediato se me hizo un nudo en la garganta y se me cayeron unas lágrimas. Me parecía inverosímil que me angustiara tanto por la muerte de un ex presidente, que nunca lo había conocido, que no era alguien cercano, que fue nada más un político. Antes no lo había pensado, pero en ese momento me di cuenta lo que fue Néstor para mí.

Al poco tiempo que me entero de la noticia, me toca el timbre la chica que me venía a hacer el censo, ella no lo sabía y se lo comento. Nos quedamos casi media hora tomando mates, mirando la tele y charlando con los ojos vidriosos. Estaba compartiendo un dolor con alguien que no conocía, por alguien que no conocíamos.

Si cuando asumió la presidencia me quede mirando la tele un buen rato, esta vez multiplicalo por cien.

La gente comenzó a llegar a plaza de mayo, columnas de gente que se acercaban, llorando, abrazándose, cantando, gritando, callados, conteniendo el llanto, rezando. Ponían cartelitos en la Casa Rosada, escritos a mano, impresos hacia unos minutos, de cualquier forma. La gente necesitaba expresarse. Se lloraba una muerte, pero también era una necesidad de apoyo mutuo, de apoyo a la presidenta, de contención, de saber que con fuerza todos iban a ir para adelante. Cien mil personas se juntaron ese día y muchas se quedaron toda la noche para el sepelio al otro día, otras se fueron y volvieron, mucha gente comenzó a llegar desde todo el país. Nueve horas de cola para despedir a Néstor y saludar a Cristina.

29 de octubre de 2010, cuando llevaron el féretro para aeroparque llovía mucho y la gente fue a despedirlo, corrían atrás del coche fúnebre, querían tocarlo, dejarle algo, decirle adiós, el agua no importaba. Se iba Néstor.

Hoy, 2 años después, puedo decir que nunca me voy a olvidar del tipo que me hizo conocer la política, que me demostró que se puede una Latinoamérica unida, que trabajó para que la política también sea de los pobres, que no dejó sus convicciones en la puerta de la Rosada. Por eso y por mucho más, Gracias.

Al fin y al cabo, mi vieja tenía razón, estas cosas son importantes, esto es historia.









jueves, 18 de octubre de 2012

Canción para los días de la vida

Este día empieza a crecer
voy a ver si puedo correr
Con la mañana silbándome en la espalda
o mirarme en las burbujas.

Tengo que aprender a volar
entre tanta gente de pie.
Cuidan de mis alas unos gnomos de lata
que de noche nunca ríen.

Si la lluvia llega hasta aquí
voy a limitarme a vivir.
Mojaré mis alas como el árbol o el ángel
o quizás muera de pena.

Tengo mucho tiempo por hoy
los relojes harán que cante

Y la espuma gira en torno a mi piel
me han puesto manos para hablarle
a las cosas de mi.

Y al fin mi duende nació
tiene orejas blancas
como un soplo de pan y arroz

Y un hongo como nariz
cuatro pelos locos
y un violín que nunca calla
solo se desprende y es igual a las guirnaldas.

Este día es algo de sal
me dejó vibrando al nacer
pesa y es liviano como un hilo sin nombre
suena un poco a mi guitarra.

Tengo que aprender a ser luz
entre tanta gente detrás.
Me pondré las ramas de este sol que me espera
para usarme como al aire.

Y es que al fin mi duende se abrió
tiene un corazón de mantel y batón
y un guiño al ver que todo es verdad.

Ya los gnomos cuiden
a un violín que siempre canata
nunca se adormece y es igual a las guirnaldas.

Y es que nunca calla, solo se desprende
y es igual a las guirnaldas.