Baja paso a paso las escaleras, atraído por el ruido
inesperado que sucede solamente cuando las ciudades duermen. Atento y con la
marcha firme se acerca, como la de los felinos cuando asechan a su presa.
Solamente 5 escalones descendió cuando este sonido que se esconde,
vuelve desde el lugar más recóndito de la casa. El dilema era que él no sabía
el lugar exacto desde donde provenía, pero nada de eso lo había apabullado, había
resuelto descifrar el enigma.
El rechinido de los escalones parecía cada vez más fuerte,
tanto, que no lograba escuchar con claridad sus pensamientos. Esta vez la
escalera era casi el doble de larga de lo que suele ser cuando la utiliza
diariamente. Pero nada lo detenía, había echado a volar sus fantasías y no se
iba a quedar solo con eso.
Lo primero que ven sus ojos, es un retrato viejo de su
abuelo muerto. Nunca se había percatado que en el rincón inferior de la parte
derecha tenia escrito un número, seguramente lo pudo advertir porque estaba con
todos los sentidos agudizados y no lo miraba como si fuese un día normal.
456-985 era el número que se encontraba en el cuadro que se alzaba en una pared
de la casa, estaba pintado con lápiz labial rojo, pero el tiempo ayudo a que
pareciera escrito con polvo.
El sonido volvió desde la nada, y su atención se volvió a su
cometido primario. Esta vez apura su paso y baja los últimos escalones ya casi
salteando de a dos en dos. El interruptor de la luz era de esos viejos, los que
tienen la perrilla negra que hay que subirlos de un golpe para que cumpla su trabajo.
Pero, esta vez no funcionó.
Se vio en el medio de la sala a oscuras, con un sonido que
cada vez se hacía más fuerte y comenzaba a sonar en lapsos de tiempos más
cortos. Trató de todas las formas posibles de reconocerlo, pero no importó que
hiciera veinticinco años que habitara esa casa, porque se supone que uno conoce
hasta el más íntimo detalle de su morada después de tanto tiempo, no logró con
su objetivo.
Entre las opciones que se le presentaban opto por la que
muchos no optarían, esperar el sonido nuevamente, casi sin mover un musculo y
conteniendo la respiración para ir directamente hacia él. Pero esto, no volvió
a suceder. La casa volvió a tener los sonidos que solamente él conocía.
Nunca supo de donde provenía el sonido, si tenía algún
motivo, cuál era su causa, hasta comenzó a sospechar que se lo estuvo
imaginando.
Medio confuso y con sueño, retomo las escaleras para volver
a su habitación.
La longitud volvió a ser la misma y el rechinido ya no se
escuchaba con tanta intensidad. En el trascurso de su vuelta recordó que algo
le había llamado la atención mientras buscaba desde donde provenía el sonido,
pero no alcanzaba a recordarlo con claridad. Hasta que lo vio, y se encontró
con la sorpresa, que el número que había observado en el rincón inferior de la
parte derecha del cuadro,
ya no existía.
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